Pasos procesionales

PASOS PROCESIONALES

Propiedad de la Hermandad

LA ENTRADA DE JESÚS EN JERUSALÉN

Cedido en usufructo a la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén desde su fundación.

Es un grupo de nueve figuras de tamaño natural. Realizado por los hermanos José y Joaquín Albareda en 1940, que sustituyó al que anteriormente procesionába, que databa de 1863, obra del escultor murciano Antonio Palao Marco. Este paso fue incendiado la noche del 9 de abril de 1935 en un atentado perpetrado en el antiguo garaje de pasos de la calle Monreal.

El origen de este Paso procesional, realizado en madera policromada, se remonta al 8 de junio de 1862. Aquel día, la citada Hermandad celebró Capítulo extraordinario, con objeto de aumentar el número de misterios que componían por aquel entonces la procesión del Santo Entierro.

La propuesta era doble: la construcción de una imagen de “La Piedad”, símbolo de la Hermandad, o bien la de “La Entrada de Jesús en Jerusalén”, Paso que abriría la Procesión y que completaría la escena de los hebreos y el coro de niños que entonces formaban parte del desfile procesional.

Las preferencias de los hermanos reunidos en el Capítulo fueron hacia la segunda de las propuestas y, tras oportunas deliberaciones, se decidió encargar el proyecto de ejecución.

El día 16 de junio del mismo año, se realizó un nuevo Capítulo en el que se presentaron dos presupuestos distintos: el primero estaba firmado por José Alegre, que solicitaba la cantidad de 10.000 reales, a recibir en tres plazos en el transcurso de un año, o bien 11.000 reales si el pago se retrasaba hasta la finalización de la Cuaresma de 1863.

El segundo proyecto, que resultó ser el elegido, llevaba la autoría de Antonio Palao, quien se comprometía a hacerlo por 14.000 reales amoldando el pago a las posibilidades económicas de la Hermandad, incluyendo además la construcción de una peana, tornillos para asegurar las figuras , el pintado y traslado del conjunto al lugar donde se aprobase bendecirlo.

El boceto presentado por Antonio Palao, presentaba con la obra definitiva numerosas diferencias, estando compuesto tan sólo por cuatro figuras: Jesús sobre la burra, un Apóstol en la parte posterior, un niño que corre delante de Jesús y un hombre que extiende sobre el suelo un lienzo sobre el que pasaría Cristo.

 

 

Este boceto, realizado en madera, fue sorteado el 10 de mayo de 1863 y actualmente forma parte de una colección particular. El paso fue estrenado el Viernes Santo de 1863. Constaba de siete imágenes y utilizó como modelos a varios miembros de su familia; el niño que corría delante de Jesús era su hijo Carlos – luego afanado escultor- que por aquel entonces tenía seis años; su mujer, María Ortubia, aparecía en éxtasis ante la figura de Jesús y su hijo más pequeño, que aparecía en brazos de otra mujer.

En su realización también tuvo parte muy importante el escultor don Manuel Albareda Cantavilla, discípulo que colaboró con su maestro en numerosas ocasiones.

Era llevado en procesión por veintiún hombres, aunque por su excesivo peso ya se le habían colocado ruedas unos años antes de ser destruído.

Este Paso fue incendiado la noche del día 9 de abril de 1935, cuando penetraron en el antiguo garaje de pasos de la calle Monreal varios individuos con el fin de destruir todos los grupos procesionales. Aunque las llamas lo alcanzaron en gran parte, parece ser que no quedaron muy dañadas las imágenes posteriores, principalmente las de Jesucristo, San Pedro y San Juan.

Dos años después, en 1937, una vez desechada la idea de restaurar el Paso de Palao, la Hermandad de la Sangre de Cristo convocó un Concurso Nacional para la construcción del nuevo Paso de La Entrada de Jesús en Jerusalén, presentándose dos proyectos y eligiendo en noviembre del mismo año el presentado por los hermanos Joaquín y José Albareda Piazuelo, quienes tenían de plazo para su realización la Semana Santa de 1940.

 

Paso de La Entrada de Jesús en Jerusalén
Hnos. Albareda 1940

 

EL CENÁCULO

Representa a Cristo acompañado de sus discípulos en el momento de la última cena.

Realizado en madera policromada por Luis y Vicente Muñoz en 1827.

Actualmente solo procesióna, el día del Viernes Santo acompañado por la Cofradía de la Institución de la Sagrada Eucaristía

Paso que tallaran don Luis Muñoz y su hijo Vicente, allá por el año 1.827, para la Hermandad de la Sangre de Cristo y que se pagó, con una derrama de 72 reales de vellón, por los Hermanos de la Sección de la Cama del Señor. La situación económica de la Ciudad, en el primer tercio del siglo XIX, no era la mejor tras la Guerra de la Independencia. La Hermandad tenía interés en reconstruir los Pasos que se había perdido en la voladura del Convento de San Francisco, pero los medios con los que se contaban eran escasos y se hizo lo que se pudo con una economía, casi, de mera subsistencia.

El Paso fue llevado durante muchos años a hombros por una cuadrilla de 30 terceroles.  Podemos suponer que el Paso, dado su peso y el número de lo terceroles que lo llevaban, iría sin faldones, con tres pequeños varales rígidos delante y otros tres detrás, distribuyéndose nueve terceroles delante, nueve detrás y otros seis a cada costero del Paso. A finales del siglo XIX o principios del XX se carrozó para llevarlo con ruedas, pero desconocemos la fecha de esta modificación.

En 1.946, se sustituye la imagen de Jesús sentado, en actitud de cenar, por otra de pie, con una mano alzada, en actitud de bendecir el cáliz que colocan, delante de la imagen, en la mesa.

El Cenaculo, Luis y Vicente Muñoz 1827

 

El día 2 de abril de 1981 se hundió el garaje, en el que se guardaban los pasos propiedad de la Hermandad  y una viga cayo en el Paso, dejando tras de sí un sembrado de cascotes y restos de la techumbre que dañaron todo el conjunto. Se dobló la estructura interior del Paso, quedó arrancada la greca, destrozó un apóstol y ocasionó daños generalizados en todo el conjunto.  Se reparó por los hermanos Albareda. No obstante; la reparación alcanzó únicamente lo fundamental, quedando patentes en las imágenes las secuelas del siniestro.

 

 

El Cenaculo Luis y Vicente Muñoz

ORACIÓN EN EL HUERTO

Cedido en usufructo a la Cofradía de Nuestro Señor en la Oración del Huerto desde su fundación.

Es obra del escultor valenciano Francisco Borja y su discípulo Félix Burriel en 1913.

Recoge el momento de la Oración de Jesús en el Huerto de los Olivos, de rodillas, con las manos entrecruzadas, mirando al cielo, con un expresivo rostro lleno de dolor, cuando es confortado por el ángel que le ofrece el cáliz de la amargura. Cerca de la figura de Jesús están las de los tres apóstoles que le habían acompañado, Pedro, Juan y Santiago, durmiendo plácidamente. El olivo es natural, encajándose ramas de olivo en el tronco, que ya está colocado en el paso.

Fue restaurado por Francho Almau y Leticia Sanz, de Sacroa, con motivo de su centenario.

 

 

Paso de La Oración en el Huerto, Francisco Borja y Félix Burriel

EL BESO DE JUDAS

Cedido en usufructo a la Cofradía del Prendimiento del Señor y el Dolor de la Madre de Dios.

Realizado por José Alegre en 1847.

Se compone de ocho figuras de tamaño natural, recoge el momento del beso de Judas y el temor de Malco cuando Pedro le ha cortado una oreja, rodeadas estas imágenes por soldados en diversas actitudes. Se compone de ocho figuras, realizadas a tamaño natural sobre madera, destacándose entre todas ellas, por su elegancia de formas, la de Cristo, vestido con amplia túnica y manto a la manera hebrea. También es muy interesante la imagen de Pedro, que escucha las palabras de Cristo, bajando el brazo que sostiene la espada con la que ha cortado la oreja a Malco, quien yace en el suelo en una actitud muy forzada El Paso fue esculpido por el artífice bilbilitano José Alegre y estaba concluido en el año 1847, pues en este año cobra el último pago por su realización, usando tal vez alguna escultura anterior de algún soldado, que parece tener conexiones estilísticas con la escultura zaragozana de finales del siglo XVIII. En su composición, aunque no en su belleza formal, tiene gran parecido con el paso que esculpiera Francisco Salzillo en 1765 para la procesión de Murcia, pudiéndose pensar que el autor conocía esta obra, ya que en sus dos grupos principales reproduce, con algunas diferencias importantes, la obra del escultor murciano. En la Procesión del Santo Entierro de 1860 era llevado en andas por diecisiete hermanos.

 

Paso del Beso de Judas, José Alegre 1847

JESÚS ATADO A LA COLUMNA

No procesiona a día de hoy.

Realizada por Tomás Llovet en 1818,  que fue director de Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza entre 1812 y 1848.

Esta imagen fue sufragada junto a las del Ecce-Homo y Jesús camino del Calvario, con los beneficios de las novilladas que fueron realizadas en el 1817, con la  autorización del rey Fernando VII .  Hubo dos novilladas celebradas en el año 1817, una el 23 de julio y otra el 26 de diciembre, realizadas a beneficio de la Hermandad de la Sangre de Cristo. En ambas se corrieron seis novillos y se mató un toro embolado; hubo danzas y sorteos. Del beneficio liquido obtenido en ellas, la Casa de Misericordia se quedó con una tercera parte, y la Hermandad de la Sangre de Cristo con los dos tercios restantes.

Ver documentacion de la epoca

La imagen se encuentra en la capilla del Santo Sepulcro en la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, vulgo San Cayetano.

La imagen procesionó con la  Real, Pontificia, Antiquísima, Ilustre, Franciscana y Penitencial Hermandad y Cofradía del Señor Atado a la Columna y de Ntra. Sra. de la Fraternidad en el Mayor Dolor, desde 1941 a 1967.

En aquel momento, y como paso titular, le fue confiado por la Sangre de Cristo el paso de Los Azotes o La Flagelación, conjunto de cuatro imágenes que narraban el momento de la flagelación de Cristo atado a la columna por dos sayones en presencia de un romano.
La imagen del Señor atado a la columna obra del escultor Tomás Llovet, quien la realizó en 1818 y las de los flageladores y la del soldado romano se debían a Francisco Borja, quien las realizó en 1917 con motivo de una restauración del paso que participó en las procesiones de la cofradía hasta 1969 .

En el año 2016  se restauro de nuevo la imagen,   que fue realizada por Francho Almau Trujillo, de la empresa Sacroa, S.C.

 

Jesús Atado a la Columna, Tomás Llovet 1818. Fotografía: Jorge Sesé.

 

CORONACIÓN DE ESPINAS

Cedido en usufructo a la Cofradía de la Coronacion de Espinas.

Realizado por Francisco de Borja en 1905.

Sus imágenes fueron talladas en el taller del escultor valenciano Francisco Borja y sustituyó en 1903 al anterior, una obra del siglo XIX atribuida a Luis Muñoz. Cuatro son las figuras que lo componen. La escena central de la coronación cargada de una gran expresividad está compuesta por la imagen de Cristo, maniatado y recibiendo la cruel burla y por el centurión que le corona. Destaca el rostro de Cristo, con la mirada dirigida al Padre, que transmite a quien lo contempla sentimientos de resignación y perdón más que de dolor, sensaciones acentuadas ante el rictus sádico y cruel del romano que le clava la corona ayudado de unas tenazas. El soldado con lanza que contempla la escena con gesto burlón y el sayón (verdugo judío) que increpa a Nuestro Señor son los personajes secundarios que completan la escena.

Se atribuyen las esculturas del paso a los siguientes escultores: la de Cristo, a Francisco de Borja; la del soldado romano que lo corona, a un oficial valenciano apodado «el Chono»; el judío o sayón a José Bueno y el otro soldado, a Enrique Anel. En la segunda década del siglo XX se colocó la figura del centurión, obra del escultor zaragozano Félix Burriel.

Desde el punto de vista artístico es un conjunto en el que destacan primorosamente talladas las imágenes de Cristo y del centurión, aunque todas ellas están trabajadas dentro de la línea expresionista.

 

Paso Coronación de Espinas,
Francisco de Borja 1905

 

ECCE HOMO

La imagen no procesiona a día de hoy.

Realizada por Tomás Llovet en 1818, que fue director de Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza entre 1812 y 1848.

La imagen se encuentra en la capilla del Santo Sepulcro en la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, vulgo San Cayetano.

La imagen procesionó con la Cofradía del Santísimo Ecce-Homo y Nuestra Señora de las Angustias, siendo la Imagen titular de dicha cofradía desde 1948 a 1967

Volvío a procesionar la imagen del Ecce Homo de Llovet el Miércoles Santo de 2016,   para conmemorar la Cofradía del Santísimo Ecce Homo y de Nuestra Señora de las Angustias: los 50 de su primera salida procesional con el Ecce Homo de la parroquia de San Felipe, imagen titular de esta cofradía  a partir de 1967.  Para ello, fue necesario restaurar la imagen,  realizada por Francho Almau Trujillo, de la empresa Sacroa, S.C.

Durante los trabajos de restauración se ha podido realizar un minucioso análisis y correspondencia de la policromía y de las diferentes intervenciones restauradoras realizadas con anterioridad. La policromía que conocíamos, casi en su totalidad, pertenece a la intervención de 1903, realizada por Francisco de Borja. La calidad de la misma, su aportación y valor histórico y el desconocimiento del estado de conservación de la original, es lo que ha declinado la decisión de conservar y recuperar esta policromía.

Todos los tratamientos han sido realizados con materiales y sistemas reversibles, compatibles con los materiales originales, discernibilidad en las reintegraciones de la policromía, pensando en todo momento en la estabilidad de los mismos a lo largo del tiempo y la inocuidad con la obra.

Ecce Homo, Tomás Llovet 1818. Fotografía: Jorge Sesé.

JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

Cedido en usufructo a la Cofradía de Jesus Camino del Calvario.

De las cinco figuras que originalmente constaba el paso, (obras de Pedro León y Matias Ayerdi) actualmente solo figura Jesús con la Cruz a Cuestas.

Realizado por Tomás Llovet en 1818.

Tras los desastres de la guerra de la Independencia, la Hermandad de la Sangre de Cristo, en 1818, comenzó la tarea reconstructora de sus pasos. Para la realización de este misterio de la Pasión encargó al escultor alcañizano Tomás Llovet (1770-1848) la imagen de Cristo, que bendijo el 8 de marzo de 1818 el arzobispo de Zaragoza D. Manuel Vicente Martínez Giménez, y que procesionó por vez primera el día 20 de marzo de 1818, Viernes Santo. A esta imagen en 1823 le fueron añadidas varias figuras: el Cirineo, un hebreo y un soldado, todas obras de Pedro León. Un año más tarde se añadió la figura de la Verónica realizada por Matías Ayerdi. Las cinco imágenes fueron talladas en madera policromada; y el paso procesionaba en noveno lugar en el Santo Entierro, como consta documentalmente en el año de 1860.

Para el Jesús camino del Calvario, Tomás Llovet hizo en madera de pino una imagen correspondiente a la talla normal de un hombre de su época, es decir 1’60 m. Esculpió todo el cuerpo y lo asentó sobre una base o peana que todavía conserva. Estructuró su obra en seis piezas: el tronco, las piernas, los brazos y el cráneo. La cara la concibió aparte para ponerle por detrás unos ojos globulares de cristal.

La imagen, de complexión ligeramente atlética, muestra a Jesús en el momento de cargar con la cruz sobre el hombro izquierdo. De ahí que su cuerpo se incline hacia delante mostrando sus hombros una evidente curvatura.

La nariz es recta, levemente acabada en punta. Los labios, suavemente carnosos y un tanto pronunciado el inferior, dejan la boca entreabierta para evocar el aire que el Salvador aspiró entrecortadamente en su camino hacia el sacrificio. El bigote y la barba están muy bien trabajados, como Llovet solía hacer. El único síntoma racial que concedió a Jesús es la barba partida, aunque no sin exageración como denotan esas perillas típicas de la época del escultor. Tras recuperarse la policromía original, se advierte que el tímpano izquierdo presentó el característico reventón con efusión de sangre, que en esa zona caracteriza a las imágenes de Jesús camino del Calvario. El cráneo, privado de pelo, se pintó de color negro para poder colocarle encima una peluca.

La mano derecha presenta el típico gesto de los Nazarenos de señalar dulcemente al fiel el camino de la cruz que conduce a la salvación; aunque, en otro tiempo, se hiciera servir ese ademán para limitar el movimiento de la desmesurada cruz con la que cargaba. La mano izquierda ofrece un estupendo gesto de crispación destinado a asir la cruz penosamente.

 

LA CAÍDA

Cedido en usufructo a la Cofradía de Jesus Camino del Calvario.

Donación a la Hermandad por doña Romana Mercier Landaida.

Realizado en los talleres Castellanas de Olot (Gerona) en 1941.

Se encargó el paso a los talleres de imagineros “Castellanas, Serra i Casadevall” de Olot (Gerona), empleándose moldes del escultor barcelonés Miquel Castellanas, ya fallecido, que reproducían la escena central del Pasmo de Sicilia, modelo hecho en pasta de madera, que figuraba con el número 711 en el catálogo de dicha entidad. En primer término aparece un sayón tirando de una soga que Jesús caído lleva atada a la cintura, cuando es ayudado por Simón de Cirene que le coge la cruz por detrás, mientras un soldado romano presta atención a la situación con el pilum en prevengan. Otro romano detrás del Cireneo con el brazo extendido señala en dirección de la marcha con el pilum al hombro. Jesús girado, mira hacia el grupo de tres mujeres, entre las que se encuentra la Verónica que, arrodillada junto a Él, tiende los brazos con el paño; la Virgen María de pie muestra su dolor y María Magdalena, también de rodillas, lanza sus brazos en socorro de Jesús caída.

 

La Caída

LLEGADA DE JESÚS AL CALVARIO

Cedido en usufructo a la Cofradía de Nuestra Señora de la Asunción y llegada de Jesús al Calvario.

Tomás Llovet 1828

Conocido popularmente como el de “La Copa”. Representa a Jesús en su llegada al Calvario y dos soldados despojándole de sus vestiduras mientras que otro le ofrece un vaso que contiene hiel y vinagre.

Obra del escultor alcañizano Tomás Llovet, le fue encargado por la Hermandad de la Sangre de Cristo en 1828, figurando en la procesión del Santo Entierro de 1829 (Fig. 6). En el año 1860 constaba de seis imágenes y, con posterioridad, en 1910, solo contaba con cuatro, desconociéndose el momento en el que fueron suprimidas las dos restantes que lo completaría.

En el año 1946 fue restaurado muy acertadamente por los Hermanos Albareda.

 

Llegada de Jesús al Calvario, Tomás Llovet 1828

EL CALVARIO

Cedido en usufructo a la Cofradía de la Crucifixión del Señor y de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís.

Realizado por José Alegre en 1841.

Se trata de un magnífico conjunto, para cuya composición, el escultor Alegre pudo inspirarse en una pintura de Pedro Pablo Rubens, del mismo asunto, que se conserva en el Museo Real de Amberes. De notable aspecto, se representa el monte Calvario, sobre el que se disponen tres grandes cruces. En la del centro está la imagen de Jesucristo, de tamaño natural, como el resto de las figuras, y en ambos lados, otras dos cruces con los dos ladrones. Bajo la cruz de Cristo, de pie, se encuentran las imágenes de la Virgen María y de san Juan, una a cada lado, y frente a ellos, cerrando el conjunto por delante, la figura de Longinos, sobre un caballo blanco, en el momento de dar la lanzada a Cristo.

Las imagenes fueron totalmente restauradas en el año 2005 por la «Escuela Práctica de Restauro».

 

El Calvario, José Alegre 1841

EL DESCENDIMIENTO

Cedido en usufructo a la Cofradía del Descendimiento de la Cruz y Lágrimas de Nuestra Señora.

Se compone de siete figuras en las que se plasma el acto del Descendimiento de Cristo. Está inspirado en el cuadro que realizó el pintor Pedro Pablo Rubens para la Catedral de Amberes.

Realizado por José Alegre en 1847.

El 19 de mayo de 1847 en Capitulo Extraordinario, se decidió llevar a cabo la realización del paso del Descendimiento de la Cruz a cargo del escultor José Alegre, según diseño presentado por él mismo de ocho figuras, con un coste de 1.000 reales de vellón por cada una de ellas. No fue realizado conforme al boceto inicial, pues una de las figuras, la octava, no llegó a realizarse. El escultor tomó como modelo una pintura de Pedro Pablo Rubens que se encuentra en la catedral de Amberes.

El material usado para la elaboración del conjunto escultórico fue madera de pino, aunque en algunas partes también se utilizaron maderas de peral o cerezo. En cuanto a su estilo artístico, es un claro ejemplo del barroco aragonés.

La escenificación del paso es de gran monumentalidad y complicada composición, donde unas figuras van unidas a otras, formando con la cruz -eje central- y las escaleras un conjunto piramidal. En este conjunto se pueden diferenciar claramente dos grupos.

El primer grupo de figuras unidas a la Cruz representan en lo más alto un joven, que podría ser Longinos -según los evangelios apócrifos-, sobre el otro brazo de la Cruz se situaría José de Arimatea, Cristo en el centro de la escena, y sujetándolo desde abajo Nicodemo y San Juan.

El segundo grupo de figuras que asisten a la escena, está formado por la Virgen en actitud iconográfica de “Mater Dolorosa” y María Magdalena.

Para la Semana Santa de 1848 ya estaban realizadas cuatro figuras de las siete previstas: Cristo, Longinos, José de Arimatea y San Juan, cobrando 4.000 reales de vellón por todas ellas. Estas imágenes únicamente estaban estucadas y policromadas con colores lisos, y así salió por primera vez a la calle en la procesión del Santo Entierro de ese mismo año. Desde entonces, la obra se iría dilatando en el tiempo, por las ocupaciones del escultor.

La siguiente figura en realizarse sería la de Nicodemo, a la que siguieron la de la Virgen María y Santa María Magdalena, hasta que en la Semana Santa de 1851 salió completo con las siete figuras que lo componen en la actualidad.

El paso quedaba completado con un paño que situado en el suelo en primer término contenía clavos, tenazas y corona de espinas y sabanilla para descender a Cristo. No tenía greca pero sí llevaba faldas, y se iluminaba con faroles de hojalata y cristal con una vela interior o mechero acetileno, situados en los ángulos y las mitades de los lados que conformaban la peana.

Inicialmente el paso se portaba a hombros durante las procesiones, por los llamados Terceroles, contratados por la Hermandad de la Sangre de Cristo.

Con la fundación en 1939 de la Cofradía del Descendimiento, la Hermandad de la Sangre de Cristo le cede en usufructo el paso, correspondiendo las labores de cuidado y mantenimiento a la propia Cofradía

En 2008 por el taller de Restauración de Gloria Téllez, se realiza el montaje y desmontaje del conjunto escultórico y su restauración,

El Descendimiento, José Alegre 1847

 

 

VIRGEN DE LA PIEDAD

Cedida en usufructo a la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y del Santo Sepulcro.

Donada a la Hermandad por Dña. Ana Falcón.

Realizado por Antonio José Palao y Marco en 1871.

La imagen de la Virgen de la Piedad es obra del escultor murciano Antonio José Palao Marco, que fue director de la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza, y fue realizada por encargo de doña Ana Falcón Bravo de Almech quien, con fecha de 18 de octubre de 1870, comunicaba a la Hermandad que había encargado al escultor Antonio Palao la talla de la imagen de La Soledad, en la que se representaba a la Madre de Dios al pie de la Cruz con su Hijo en los brazos después del Descendimiento y deseaba hacer donación de la misma a la Hermandad, solicitando de la misma que estuviese siempre expuesta a la veneración en uno de los altares de la iglesia de San Cayetano. Concluida la talla de la nueva imagen fue bendecida en el palacio arzobispal el Domingo de Ramos, 2 de abril de 1871, por el titular de la diócesis, cardenal don Manuel García Gil, siendo conducido el paso, en la misma tarde del Domingo de Ramos, a la iglesia de San Cayetano desde donde saldría en procesión integrado en el Santo Entierro de la tarde del Viernes Santo.
La imagen de Palao para Zaragoza aparece estrechamente vinculada a la Virgen de las Angustias, obra de Francisco Salzillo, de la iglesia de san Francisco de los PP. Escolapios de Yecla, localidad natal de Palao, estableciéndose con ella muy pocas diferencias, aunque el grupo de Zaragoza se nos presente más sereno, sin el dramatismo imperante en las obras de Salzillo . Aparece la Virgen sentada sobre un peñasco, revestida con rica túnica ceñida en la cintura y amplia capa, con capucha que también cubre su cabeza elevada, con sus ojos llorosos –con un sereno dolor– clavados en el cielo, implorantes. Sus manos se abren vacías, impotentes. El cuerpo de Cristo aparece sentado en tierra, apoyando su cabeza yerta sobre la rodilla derecha de la Virgen y manteniendo los brazos caídos. El derecho a lo largo de su costado –sin el ángel que se lo sostenía en los pasos de Salzillo y el izquierdo entre los plegados de la túnica de su Madre, entre sus piernas. Su cuerpo desnudo tan sólo aparece cubierto por el paño de castidad. Sangra abundantemente por la herida de su costado. Todo el grupo se coloca sobre un terreno abrupto, tallado, al igual que la imagen, en madera, sobre el que aparece la cartela con la inscripción «Jesús Nazareno, Rey de los Judíos» en hebreo, griego y latín, semitallada la corona de espinas, además de los clavos y las tenazas como símbolos pasionarios. Está firmada y fechada en el lado derecho de la peana: «A. PALAO. Escultor. 1871».

El conjunto fue restaurado y estofado por los Hermanos Albareda en el año 1939, siendo nuevamente remozado por los mismos artistas en 1961 y, posteriormente, en 1994 y, por último, sometido a un importante proceso de restauración durante los últimos meses de 2013 y primeros de 2014, a cargo de Francho Almau y Leticia Sanz, de Sacroa

 

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

Tras haber figurado en la procesión del Santo Entierro de 1855 una hermosa imagen de vestir de Nuestra Señora de los Dolores, sin que conozcamos de cual se trata, posiblemente prestada por alguna comunidad religiosa y ante la admiración levantada por la misma, en el capítulo celebrado por la Hermandad de la Sangre de Cristo el 7 de mayo del mismo año se manifestó la necesidad de realizar otra igual, “pues de lo contrario se ridiculizaría la Hermandad ya que de no ejecutarse este pensamiento y sacarla en el próximo año, quedaría el público defraudado…”.

Creada una comisión para ocuparse de su ejecución, poco después, en el capitulo de 21 de octubre se encargaba al escultor Palao una Dolorosa de cuerpo entero, de talla para vestir y de tamaño natural, por precio de 1.500 reales y otra más pequeña, de las mismas características, para ser rifada, consiguiendo asi la Hermandad fondos para poder sufragar los gastos que ambas tallas ocasionasen. La imagen fue bendecida el día 15 de marzo de 1856, pudiendo figurar asi en el Santo Entierro de aquel año.

Nuestra Señora de los Dolores, Antonio Palao 1856

Desde  2015 preside el antiguo retablo de la Virgen del Buen Parta , de estilo churiguresco , construido en 1873 en el lado de la epístola, en la Real capilla de Santa Isabel de Portugal.

 

Instituida en noviembre de 1.937 la Hermandad de San Joaquín y de la Virgen de los Dolores como cofradía de Semana Santa, le fue encomendada por la Sangre de Cristo esta imagen como titular, posesionándola hasta 1949 cuando fue estrenada una nueva imagen obra del escultor granadino afincado en Zaragoza Manuel Jose Calero Arquellada.

Y que fue costeada por el matrimonio de don Victoriano Zapatero y doña Ascensión Gargallo, al celebrar sus bodas de plata matrimoniales. Regaló también este matrimonio una bella túnica de terciopelo y un manto bordado en oro para cuando la imagen estuviera en el altar. Destaca de esta imagen, de vestir, su rostro, lleno de dolor y amargura, que recuerda a las imágenes dolorosas andaluzas, lógica trasposición de la tierra de origen del escultor.

La imagen de la Virgen de los Dolores recibe culto en la capilla de Hermandad de la Sangre de Cristo en la iglesia de Santa Isabel, (vulgo San Cayetano) en una hornacina situada encima del Santo Cristo de la Cama.

Cedida en usufructo a la Hermandad de San Joaquín y de la Virgen de los Dolores.

Nuestra Señora de los Dolores, José Calero 1949

 

SANTÍSIMO CRISTO DE LA CAMA Y CARROZA DEL SANTO SEPULCRO

La imagen del Santísimo Cristo de la Cama es datada a finales de siglo XV y de autor anónimo.

Imagen titular de la Hermandad de la Sangre Cristo

Es una talla de cuerpo completo de Cristo muerto, tallada en madera, articulada en ambos brazos y de poco peso, en la que destaca el estudio del rostro, alargado, bello y expresivo, con peluca de pelo natural, con la que se escenificó hasta 1834 la ceremonia del Abajamiento de la Cruz.

 

Para su culto y traslado procesional se construyó una urna de madera de gran sencillez, que en el año 1855 se encontraba en muy mal estado. Por ello, en el Capítulo extraordinario de la Hermandad celebrado el día 21 de octubre de 1855 fueron vistos los diseños de una cama nueva que había realizado Antonio Palao. Examinados por los hermanos concurrentes al capítulo y aprobados, se encargó a la misma comisión que en aquellos días trataba con el escultor de la construcción de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, que ultimaran con el artista los detalles que hacían referencia al precio y a sus condiciones.

La cama se eleva sobre un basamento de madera en cuyos ángulos aparecen los símbolos de los cuatro Evangelistas: el águila y el ángel en la parte frontal y el león y el toro en la parte posterior. La cama propiamente dicha, al igual que el resto de los accesorios que la completan, está labrada en madera, dorada y policromada. Tiene planta rectangular con los ángulos rematados a bisel donde se apoyan los ya mencionados símbolos de los Evangelistas.un basamento de madera en cuyos ángulos aparecen los símbolos de los cuatro Evangelistas: el águila y el ángel en la parte frontal y el león y el toro en la parte posterior.

La parte frontal se decora con el emblema de la Hermandad de la Sangre de Cristo (cruz con sudario, lanza y esponja) dentro de carnosa cartela y a ambos lados dos arcos renacentistas decorados con rica vegetación de estilo plateresco.

Escudo Hermandad

Los laterales se articulan en ocho hornacinas cuyos arcos se apoyan en columnas abalaustradas y en las enjutas de los arcos aparecen ricas cabezas de querubines. Cada una de las hornacinas aparece rellena con la figura de cuerpo entero y de medio relieve de un apóstol o un profeta, con alguna inscripción y su atributo correspondiente.

Detalles Cama

Desde la cabecera y en el lado izquierdo del espectador, mirando desde el frente, la serie de santos es la siguiente: Isaías, como profeta y la inscripción: «SICUT AVIS ACCIONEM DUCETUR. C° 53 V° 7°»; san Pedro, lleva el atributo de las llaves y la inscripción: «CREO EN DIOS PADRE TODO PODEROSO CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA»; san Juan, con su atributo del cáliz y la inscripción: «Y EN JESUCRISTO, SU ÚNICO HIJO, NUESTRO SEÑOR»; Santiago el Mayor, con el báculo de peregrino y la inscripción. «FUE CONCEBIDO POR EL ESPIRITU SANTO»; san Andrés, con la cruz en aspa y la inscripción: «PADECIO DEBAJO DEL PODER DE PONCIO PILATO»; san Felipe, con la cruz y la inscripción: «DESCENDIO A LOS INFIERNOS »; santo Tomás, con su atributo de la escuadra y la inscripción: «AL TERCER DIA RESUCITO ENTRE LOS MUERTOS» y Jeremías, vestido de profeta, con la cabeza cubierta y la inscripción: «EL PORIUREM E LA FIDEN SU PERMS. C° 3° V° 33».
En el lado derecho, comenzando por los pies: Daniel; con la inscripción: «DUAS ECCIDEN CRISTI. C° 9 V° 20»; san Bartolomé, llevando como atributo el cuchillo y la inscripción: «SUBIO A LOS CIELOS Y ESTA SENTADO A LA DIESTRA DE DIOS PADRE»; san Mateo, con su atributo iconográfico de la bolsa de dinero y la inscripción: «DESDE ALLI HA DE VENIR A JUZGAR A LOS VIVOS Y A LOS MUERTOS»; Santiago el Menor, con su atributo de la clava de su martirio y la inscripción: «CREO EN EL ESPIRITU SANTO»; san Simón, con la sierra y la inscripción: «LA SANTA IGLESIA CATOLICA»; san Judas Tadeo, con la pica y la inscripción: «LA COMUNION DE LOS SANTOS Y EL PERDON DE LOS PECADOS»; san Matías, con la lanza y la inscripción: «LA RESURRECCION DE LA CARNE Y LA VIDA PERDURABLE» y por último Ezequiel, como profeta y la inscripción: «EL SUSCITADO SUPER EAS PARLAREM UM QUI PASCA EAS SERUM MEUM. C° 3 V° 33».
En la parte posterior aparece el escudo de España entre decoración vegetal plateresca y sobre la cabecera de la cama están colocadas las figuras de dos ángeles mancebos, vestidos con túnica, en actitud de coronar a Cristo con una corona imperial que sustituyó en 1942 a la primitiva, de la que colgaba una guirnalda de flores. Entre éstos destaca un resplandor de metal en cuyo interior pende la medalla de oro del Centenario de los Sitios.

En el mismo año fue restaurada toda la Cama por Mariano Aladrén.

La imagen de Cristo apoya la cabeza en una almohada, y es cubierto por una sábana y una colcha bordadas con hilo de oro en 1858 en los talleres Vicente Cormano.

 

Colcha bordada en los talleres de Vicente Cormano. 1858

 

Hasta 1935 la Cama fue portada a hombros y en 1936 fueron incorporadas las ruedas al paso.

Es la imagen titular de la Hermandad de la Sangre Cristo, es portada solemnemente por las calles zaragozanas en la actual Procesión del Santo Entierro  que tiene lugar en la tarde noche del Viernes Santo, por una sección específica denominada “De Cama del Señor“, y que se distingue fácilmente a sus componentes por llevar la cara tapada.

 

Paso del Cristo de la Cama

 

 

PASO DEL TRIUNFO DE LA VIDA SOBRE LA MUERTE

No procesiona a día de hoy.

Imagen que abría la procesión del Santo Entierro desde sus orígenes. La talla es de autor anónimo y fue adquirida en 1818 en la localidad de Amposta (Tarragona).

Paso del triunfo de la vida sobre la muerte, Anónimo 1818. Fotografía: Jorge Sesé.

 

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